Relato: ‘El alcohol no sabe de protocolos sociales’

El alcohol no sabe de protocolos sociales

El hielo flota, le da La Luz amarilla de una sala repleta de gente y baila con la vibración del suelo, absorbe la alegría, la retiene y la destila.

Aniquila penas, celebra años, añeja, de barrica, escocesa, preciosa, morena sudamericana.

A veces tiene clase, inglesa, de tacones altos y vestido de cachemir, complementa a la música de cualquier local de música, y fluye con rodajes de limón y conversaciones pedantes.

Baja al barro, el lumpen, se mezcla con agua, neones, carretera, campo y perversión; callejones nocturnos de adoquines mojados, vómitos que se lleva el invierno.

No solo la muerte iguala clases sociales, casi se le parece, los reyes también absorben ese néctar de olvido, de tristeza, de alegrías, de soledad y la mejores de las compañías; ríe, baila, llora, grita, pelea, mata, barata, cara, obrera y condesa, el idioma de los dioses y la ruina de los pobres.

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