Relato: ‘Metástasis y nostalgia’

La metástasis lo abraza, lo acuna, le limpia las lagrimas de las mejillas. Él lo mira con los ojos irritados, ella acaricia lo que le queda de cabello con sus manos. Apoya su guadaña en la pared de azulejos blancos, el suero y los químicos entran, la sangre fluye, contaminada, sucia.

Cierra los ojos azules y vidriosos, le dice que se acerque, la besa en la mejilla.

Se dan la mano, miran a la nada, empieza a temblar, ella lo tapa con su manto de seda negro.

El calor lo tranquiliza, casi se duerme pero no es el momento, todavía no. Le habla de sus padres, les habla de la infancia que le han dado, les enseña las cicatrices de su pasado, les enseña los dolores del alma.

Habla de un amor, no tiene nombre, tiene alegría, melancolía y un olor a sulfuro.

Le habla de otro hombre, lo describe como si pintara un cuadro, un retrato de pinceladas suaves, pálidas, castañas y verdes y lo concluye con un beso tan suave que hace estremecer a la mujer, a ella que entiende de pasado, presente, del amor, de tristeza, de toda la paleta de emociones de un ser, y que no puede sentir alguna.

Lleva milenios en su oficio y aún hoy se le erizan los pelos al escuchar el corazón de un hombre que nunca podrá volver a amar a alguien que siempre le amarán, a la vez le extraña, porque comprende que es algún tipo de inmortalidad a la que solo los mortales pueden acceder.

Fundido a negro, una última lágrima cae, el cuadro arde, no el pincel ni el nombre del artista.

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