Relato: ‘Otra vez aquí’

Se retorcía en su habitación, vacía, amarillenta, negruzca, paredes sucias.

Por las ventanas se colaban rayos del sol que deslumbraban la vista si mirabas de frente, pero el fondo, el horizonte era blanco, “¿que hago aquí?” Se preguntaba.

Sudaba, de angustia, miedo, hastío; no sabía la forma de salir, desconocía como había llegado, ¿Ya he vivido lo mismo?” Resonaba en su interior.

Se levanta, con el corazón acelerado, no reconoce la sala en la que está. Le retumba en la cabeza el chirrido de un ventilador que funciona mal, colgado en el techo, de un color marrón horrible, feo para las pupilas. Se mira al espejo que tiene a su derecha, es joven, tiene los ojos azules, ojeras profundas y el pelo rubio, corto, demasiado.

Tiene la camisa sudada, parece gris en vez de blanca, entra en pánico, respira fuerte y desmesuradamente, abre la mesilla del cajón que tiene al lado, una Biblia, negra, de cuero, nueva, su olor penetra rápido y fuerte en su nariz, la lanza por la ventana, el sol le ciega, se tapa la vista cos las manos, “¿qué es esto?” Dijo mirándose las palmas. En ella está escrito con una caligrafía impoluta, “mátalo”, se le acelera el pulso, no entiende nada, llaman a la puerta.

Abre, un rayo de luz le ciega de nuevo, entra un hombre mayor, pero rudo, fuerte y curtido, pelo canoso, engominado hacia detrás; irrumpe en la habitación alterando, “¿dónde estamos?” Pregunta. Da vueltas en círculos por la habitación mientras el de menor edad observa como su compañero de desconocimiento abre todos los cajones habidos y por haber en la habitación, los arroja por la ventana, grita, da puñetazos en la puerta, intenta abrirla, el pomo no gira, se mira la palma de la mano con la que ha intentado abrir y lee en una caligrafía perfecta con la misma tipografía de letra que su compañero “mátalo ya”.

Si miran, el corazón se les revoluciona, un brillo cegador entra por la ventana, la habitación queda a oscuras acto seguido.

Un cuerpo cae al suelo.

Abre los ojos, despierta en la habitación, amarillenta, de paredes sucias, un joven con los ojos azules y el pelo corto, rubio, esta vez con el corazón calmado, se queda mirando al ventilador tumbado en la cama.

Llaman a la puerta. Dos corazones revolucionados.

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