Relato: ‘Gato Negro’

Un gato se paró en medio de la carretera, negro, ojos verdes, el gato se sentó, giró la cabeza y miró las estrellas.

Durante un rato parecía contarlas, cuando paso más de una hora, se tumbó boca arriba, como si con sus patas jugara con ellas.

Su pelaje negro no se manchaba, dos motas esmeraldas en la noche.

Daba vueltas por esa vía alejada, entre ninguna parte y el olvido, rodeada de maleza y llanura, posado debajo de la única farola a varios cientos de metros a la redonda.

No se movía del círculo de luz que esta dibujaba, salvo para cazar alguna presa entre los matorrales de los laterales de la carretera, que entra la oscuridad y su pelaje, era implacable como pantera.

Los coches pasaban de largo, los pocos que se perdían y transitaban el lugar, el gato los seguía con la mirada hasta que se perdían en la recta sin final.

Nunca se hacía de día, nunca le había tocado algún ser humano ni la luz del sol, disfrutaba acechando por la carretera, a los coches que nunca más volvían a ella.

Ninguna estación ni clima le afectaba, no sabía su edad, llevaba siglos observando la noche, guardián oscuro de un lugar sin nombre.

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