Relato: ‘Espera’

Es curioso lo que el cuerpo siente al esperar. Cobra sentido la famosa frase de Einstein sobre la relatividad del tiempo.

Cuando la espera es tediosa, podemos sentir fatiga, los átomos de nuestro cuerpo se ralentizan, sentimos pesadez, los bostezos se abren paso por nuestra boca y los párpados se cierran como persiana de cemento.

Cuando la espera nos hace especial ilusión, el tiempo fluye más rápido, nuestra células vibran, por muy serenos que seamos se agitan nuestras piernas, a veces es imposible no esbozar una leve sonrisa; al contrario que cuando es algo temeroso o difícil de afrontar, un sudor frío y mal oliente nos recorre la espalda, en ocasiones nos pica el cuero cabelludo, las piernas también se mueven, peor de angustia. Las agujas del reloj se clavan como puñales en nuestro pecho, que siente como se constriñe, como se queda envasado al vacío.

Todo cambia si es por amor, entonces también tenemos miedo, los nervios se sienten como pequeñas chispas por todo el cuerpo, un pequeño zumbido recorre nuestra espina dorsal, es difícil estarse quieto en tal situación, en cuestión de segundos hemos imaginado mil futuros posibles a la situación que se nos viene encima, estos pensamientos a menester de cada uno, si es pesimista u lo contrario, aún así pesa el tiempo pero en el fondo es una sensación de euforia y adrenalina.

Por último está la espera a la llegada de la muerte, está tiene dos fases, pues estamos en cola desde que nacemos. Durante nuestra vida perdemos la noción de que hemos nacido esperando a que una mano fría nos lleve, se nos olvida que ese es el final de la espera, el camino es largo y a veces recordamos cuál es este desenlace, pero rápidamente nos sumimos en actividades mundanas o más ricas para nuestro cerebro de corta memoria.

La última fase, llega cuando el frío de la muerte está cerca, el tiempo deja de fluir, ni rápido ni lento, pero si veloz a la hora de hacer una mirada retrospectiva a nuestra vida, viendo todas las veces que hemos tenido que esperar, y comprobar si mereció la pena dicho acto.

No se siente miedo, ni temor, ya hemos cumplido, el cuerpo deja de sentir; no se acelera, es una espera suave, premeditada y en cierto modo, con unas vistas bellas a nuestras esperas.

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