Reseña: ‘Manhattan’, Woody Allen, amor, egocentrismo y obra maestra

Woody Allen dirige y escribe junto a Marshall Brickman esta obra de arte no solo a la ciudad que tanto aman, una película dirigida desde el corazón sobre la naturaleza del hombre a la hora de amar, sobre el egocentrismos de Woody Allen, como su protagonista quiere que le amen para quererse así mismo, como nos enamoramos de la gente equivocada cuando tenemos ya a nuestro lado a alguien que nos ama, lo irónico que es que sintamos que alguien que nos ama no sea suficiente; como caemos una y otra vez en darle a la persona que no nos corresponde, todo lo que tenemos, a la naturaleza irradiación al del ser humano a meterse en problemas para evitar solucionar otros más grandes o cuando no los tiene; Allen es un experto en hacerte transmitir con una película natural, intelectual y dirigida desde la experiencia personal todo esto, narrándonos parte de su vida a través de un alter ego interpretado por sí mismo, un escritor enamorado del amante de su mejor amigo, jugando con lo irónico y loco del amor; Allen construye contras para satirizarse así mismo y construye personajes complejos, redondos, profundos, porque han sido parte importante de su vida; es la vida de un genio; se nota su complejo de inferioridad, sus ataques de hostilidad cuando no comprende o conoce algo, cuando no lleva las riendas ni controla algo, él es su personaje mejor construido.

Acompañado además de una bellísima, tranquila, genial y natural Diane Keaton, la mujer de su vida tanto en la ficción como la realidad. Una lástima que veamos tan poco a Meryl Streep en pantalla, pero a la cinta le basta con solo dos protagonistas complejos y con una química y una confrontación brutal.

Gordon Willis en la fotografía es de los pocos que podía superar el amor de Allen por Manhattan, es preciosa su fotografía incluso en blanco y negro los juegos de luces en la oscuridad son una barbaridad, como embellece cada escena entre sus protagonistas, como hace de los exteriores de Nueva York un cuadro precioso del que es imposible no enamorarse, quiere transmitirnos lo que el personaje y el fotógrafo aman.

El maestro George Gershwin con la música no dejaba de sorprender en la época, esa mezcla de jazz y música clásica era digna de un genio que evocaba a todo aquel que viera la cinta la imagen tan bella de Manhattan que tiene Woody Allen en su cabeza y a la vez el caos mental de su protagonista, que vive una vida bohemia y que intenta ordenar con más caos.

En conclusión, una maravilla del cine, una genialidad sencilla, caótica, bella; una de las mil formas de las que Woody Allen veía el amor, como un problema más al que él ser humano se tiraba de cabeza, que siempre fastidia por su egoísmo y complicar las cosas de más y no disfrutar lo bonito que es cuando nos aman.

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