Relato: ‘Pena por el que examine mi cerebro al morir’

Bajo la luz, un hombre vestido de blanco, gordo, seboso, huele mal, se encuentra de pie tras una mesa de ébano negra, me invita a pasar a mi propio caos.

¿Que sacarían de mi si alguien abriera mi cabeza?

¿Se asustarían por lo que pudieran encontrar? Caos, desorden, fragmentación, cambios de humor, fantasmas que me persiguen allá donde voy o, ¿sería para ellos un hombre normal y corriente?

La gente a menudo no cuenta lo que hay dentro de sí, o no sabe expresarlo entonces, ¿es lo que yo entiendo como mi ligues personal algo común? O, ¿es algo extraordinario y doloroso para mis adentros?

¿Sería mi mente como un experimento científico para un psicoanalista?

Me pregunto, creyendo que mi verborrea y mi racionalidad me valdrían para seguir vivo y entenderme.

¿Tengo claro si hay alguien como yo?

No lo sé, no sé si alguien siente por dentro que le están exprimiendo el corazón, y que el sujeto de dicha acción para a descansar demasiado poco.

No sé si alguien debatirá consigo mismo tantos temas a la vez, mientras ve fantasmas de su pasado pasar por la retina de sus ojos, dando lugar a otro tema de debate con otra personalidad distinta.

Es como escuchar un cristal caerse al suelo y romperse, es más, es como romperse oníricamente todos los huesos del cuerpo.

Un experimento personal que aún no alcanzó a comprender, pocas luces encendidas y ningún alma viva.

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