Reseña: ‘Blue Velvet’, Lynch y la belleza en lo aberrante

Una de las obras maestras de David Lynch, jugando con la normalidad y lo que podría ser una trama común, crea una cinta con un trasfondo surrealista y bien construido como el solo sabe hacer, con esta cinta de thriller psicológico y a la vez cine negro, Lynch no solo nos contará la historia de un chico que al regresar a su pueblo natal de la universidad debido a que su padre cae enfermo, y a partir de aquí tendrá que resolver un crimen de secuestro y violencia junto a la hija de un detective, a la vez que nos hablará sobre la belleza más pura de la historia de la humanidad, y del dominio un estante del hombre en cualquier ámbito, a pesar de las leyes naturales, hasta en la muerte.

Surrealista, intrigante, enigmática, aberrantemente embellecida, es una genialidad si estás atento, y vas a estarlo, no aburre, su ritmo no caduca con los años, te mantiene con una mosca detrás de la oreja que te dice que está ocurriendo algo más que no logras ver a simple vista, un crimen bien construido con un transfundí aún mejor, el cine de Lynch.

Nos habla de como el ser humano impide avanzar e interfiere en todo, el sitio que ocupará la naturaleza, la maldad del hombre capaz de decidir quien vive o no, si una mujer puede estar con su único hijo, pero también nos habla de la muerte natural, como hecho intocable y ley fundamental que el hombre no puede variar.

A su vez, nos cuenta con señas una de las verdades más absolutas de este mundo, la belleza de él se encuentra en lo natural, si, pero en lo irracional, en lo feo y en lo caótico, algo que sólo sabrán apreciar los que haya comprendido que interferir en el ciclo natural del mundo y de los viven en él, podrán comprender, y los de maldad innata, fracasarán y morirán, sucumbiendo ante lo que querían cambiar por la fuera. Y ese es su cine, impactante, sensual, raro, violento en ocasiones, irracional e inteligente, bello y aberrante, así escribe Lynch.

En cuanto a su reparto, no destaco ninguna actuación, sorprende más Laura Dern, más real, emocional y con una faceta más profunda y de calidad, que su tan querido Kyle MacLachlan, que cumple, pero está por su físico natural, bello pero con algo fuera de lo normal, siniestro, loco y oculto.

La fotografía de Frederick Elmes junto a la escenografía de Edward LeViseur y el vestuario de Gloria Glynn y Ronald Leamon son vitales, Lynch es consciente de lo importantes que son estos departamentos, el significado que pueden aportar sin palabras y la maravilla artística, visual y literaria que son si se hace con calidad y razón, ayudan al mensaje oculto de Lynch, crean el caos a la espera del orden natural, hablan del amor como salvación del odio y la locura, del orden perfecto que pretende crear el humano pero en el que siempre hay algo que falla y no está bien, una maravilla visual y más que en todos los planos siempre haya un objeto rojo y uno azul, brutal.

Angelo Badalamenti crea una banda sonora que significará el origen del cine Lynch, nos evoca rareza, que hay algo que no cuadra y falla, misterio, desorden y querer saber más de su mundo, blues y jazz con una mezcla de toque propio moderno es una pequeña obra maestra que solo funciona en su mundo.

En conclusión, una cinta indispensable para comprender a Lynch, incomprendida en su época consiguió lo que quería, mostrar que la naturaleza siempre vence y que la belleza se encuentra en lo feo e irracional, que no somos capaz de observar por nuestra obsesión de interferir siempre en todo plano posible, entretenida, misteriosa, genuina.

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