Relato: ‘Carretera y niebla’

Una carretera recién asfaltada, al rededor la nada, trigales que aún no han madurado, verdes, se mecen y silban con el viente, leve pero frío.

Más allá de estos cereales, niebla, no densa, suave, se logran a vislumbrar unos árboles de madera gris, de media altura, con aspecto añejo, sin hojas, se mueven por el viento pero mecidos, se dejan llevar.

El cielo, a una gran altura las nubes siguen su curso más veloz de lo normal, manchando el cielo de diversos tonos que van desde el blanco hasta el negro, con muchas escalas de grises, al sol ni se le ve ni se le espera.

Un hombre camina por este lugar, va de negro, lleva una capucha, no se le ve el rostro, igual que no se ve el final del camino.

Comienza a chispear, pero el viento empieza a coger fuerza, aún el agua no le ha calado la ropa.

Podría encontrarse en cualquier parte, la niebla, aunque no es densa, no deja ver más allá de los árboles, formando un pequeño reino del que desconocemos lo que continúa después.

El chico comienza a cantar, los tonos de grises pasan a un negro absoluto, aglomerándose en el plano visible de la zona.

Han comenzado a prepararse los truenos, cargan con todo lo que tiene.

El agua no hace más que incrementar su número de filas, cada vez cantar resulta más difícil, pero sigue hacia delante.

Un pequeño pájaro, marrón, con motas blancas en sus plumas intenta luchar contra la naturaleza; descansa en la rama de un árbol, el joven para su camino solo a mirar la hazaña del ave; intenta retomar su camino, el viente le parte las alas, pasa la niebla, se lo traga la oscuridad.

Todo se vuelve negro, el viento gélido, la lluvia cristal, rasga la ropa del niño, sangra y brota hasta el suelo, se mezcla con el agua y crea un riachuelo.

El sol irrumpe la escena, los primeros rayos de sol parten las nubes; estos se reflejan en la carretera, hacen brillar la sangre con el agua, el suelo es iluminado por un reflejo rojo.

El chico canta, el agua a su paso se transforma en un arroyo, se le escucha a él y al paso de esta por la tierra llevándose la sangre; un pájaro comienza a cantar.

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